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By cizucu ·

Cover photo by Ryuji Azuma
¿Alguna vez te ha llamado la atención un gesto de las manos captado casi por casualidad? Puede revelar un estado de ánimo que no se ve en el rostro, la distancia entre dos personas o el ambiente de ese momento. El movimiento de las manos abre muchas posibilidades a la imaginación de quien mira la foto.
Una misma posición puede transmitir algo distinto según a quién se dirija o dónde aparezca. Los gestos no tienen un significado único: su lectura cambia según la cultura, la situación y la persona que mira. Esta vez veremos qué historias nacen de las manos y de lo que las rodea. Busquemos ideas para aprovechar su expresividad, tanto al fotografiar un instante cotidiano como al dirigir una pose.

Foto de Pikanchor
En un callejón de Nápoles, llaman la atención una figura enmascarada y la mano que apoya sobre el pecho. La inclinación de la palma y los dedos doblados parecen decir algo. Las miradas y los gestos de quienes la rodean completan la escena y nos llevan a imaginar voces y conversaciones dentro de la foto.
Al fotografiar, no te fijes solo en la cara: prueba a incluir la posición de las manos, la forma de los dedos y su relación con las demás personas. Si estás dirigiendo la escena, puedes decir: “Haz como si estuvieras hablando con alguien”. Así aparecerán gestos más naturales que en una pose fijada de antemano.

Foto de Yuka Igarashi
Una mano abierta se tiende hacia un gato. En esa pequeña distancia, justo antes de tocarlo, podemos imaginar un “quiero acercarme” o un “no tengas miedo”. El gesto empieza a contar una historia cuando la foto muestra también a quien lo recibe.
En escenas así, no te limites al instante del contacto. Fíjate también en el tiempo de espera después de extender la mano. Lo mismo vale al fotografiar a dos personas: antes de que se cojan de la mano, haz una foto justo cuando una de ellas la ofrece. Si dejas espacio entre ambas, la imagen puede transmitir incluso la duda o la expectación.

Foto de Ryuji Azuma
Frente a un tren, una persona se lleva la mano a la cabeza. Aunque no veamos su cara, el gesto puede hacernos pensar que está dándole vueltas a algo o que se siente desconcertada. Quizá solo se esté arreglando el pelo, pero el fondo en movimiento y ese gesto fugaz hacen que cada persona imagine su propia historia.
Cuando hagas fotos, no busques únicamente ángulos que muestren el rostro. Presta atención también a las figuras de espaldas. Si captas a la vez la mano sobre la cabeza, la inclinación de los hombros y el movimiento del fondo, podrás sugerir cómo se encuentra esa persona sin depender de su expresión facial.

Foto de sho aoyama
Unas manos apoyadas con suavidad pueden sugerir cuidado y confianza. Si se agarran con fuerza, quizá imaginemos ánimo o la tristeza de una despedida. Aunque no aparezcan los rostros, la forma de tocarse y la tensión de las manos hablan de la relación entre esas dos personas.
Prueba a comparar un primer plano de las manos con una toma más abierta que muestre la distancia entre ambas personas. Un mismo gesto cuenta la historia de otra manera según cuánto incluyas en el encuadre.
Las emociones entre personas no solo aparecen en las manos que se tocan. También están en unos brazos que abrazan o en alguien que observa desde cierta distancia. Al abrir un poco el plano, descubrirás que la separación entre ambas y la presencia de quienes las rodean también ayudan a explicar su vínculo.
¿Qué te parece? Cerrar la mano, abrirla, apoyarla o colocarla sobre otra. Un pequeño cambio de movimiento basta para introducir emociones e historias muy distintas en una foto.
Un gesto fugaz también puede llevarnos a imaginar todo el tiempo vivido por esa persona. Si observas las manos en las acciones cotidianas y junto a los objetos que las rodean, quizá encuentres la próxima escena que quieras fotografiar.
Cuando fotografíes o dirijas una pose, prueba a dar más protagonismo a los gestos de las manos. Si surge la duda de “¿dónde pongo las manos?”, empieza por pensar qué emoción quieres transmitir con la foto.