Ha pasado mucho tiempo desde que los distintos fabricantes de cámaras comenzaron a adoptar monturas para sistemas sin espejo. Tras el desarrollo de la primera cámara sin espejo con montura Micro Cuatro Tercios en 2008, Sony lanzó la montura E en 2010 y Fujifilm presentó la montura X en 2012.
Canon y Nikon también entraron en el mercado de las cámaras sin espejo en 2018, y hace ya tiempo que la imagen de las cámaras de óptica intercambiable se asocia principalmente con los sistemas sin espejo.
Con el paso de los años desde la aparición de cada montura, el relevo generacional no solo ha llegado a los cuerpos de cámara, sino también a los objetivos. Uno de los ejemplos más representativos es la aparición de los denominados «objetivos de segunda generación».
¿Qué es un «objetivo de segunda generación»?
Las especificaciones de un objetivo suelen estar determinadas por tres elementos: la montura, la distancia focal y la apertura máxima.
En ocasiones, un fabricante presenta como novedad un objetivo con las mismas especificaciones fundamentales que un modelo anterior. A este tipo de producto se lo denomina «objetivo de segunda generación».
En la montura X, por ejemplo, algunos modelos declaran expresamente su condición de segunda generación, como el 〈XF 16-55mm F2.8 R LM WR II〉. En otros casos, aunque la denominación no incluya la indicación «II», el producto funciona en la práctica como sucesor, como sucede con el 〈XF 33mm F1.4 R LM WR〉.

Fotografía de マサヒデ
Objetivos de segunda generación impulsados por el progreso tecnológico
La mayoría de los modelos presentados como objetivos de segunda generación llegan al mercado con mejoras que refuerzan su atractivo como ópticas fotográficas. Esto refleja la evolución constante no solo de la tecnología óptica, sino también de los materiales de las lentes y de componentes periféricos como los motores de enfoque.

Fotografía de マサヒデ
Por ejemplo, antes se probaban distintas combinaciones de lentes recurriendo a la intuición y la experiencia de los especialistas. En los últimos años, en cambio, es posible combinar por ordenador una gran cantidad de patrones de simulación y determinar en poco tiempo la configuración óptica más adecuada.
Esto ha favorecido también un uso más extendido de elementos asféricos, tradicionalmente difíciles de trabajar, lo que permite reducir la aberración esférica y aligerar el conjunto.
¿Merece siempre la pena comprar un objetivo de segunda generación?
Gracias a los avances tecnológicos, los objetivos de segunda generación ofrecen un mayor rendimiento y constituyen una opción atractiva para muchos usuarios.
Entre las mejoras más habituales destacan la reducción del tamaño y el peso, una mayor capacidad de resolución, un mejor rendimiento en fotografía de aproximación y la incorporación de sellado contra el polvo y la humedad. Para los creadores que ya poseen un objetivo de primera generación, y dejando al margen el coste, en muchos casos resultará tentador sustituirlo de inmediato.

Fotografía de マサヒデ
Sin embargo, en la práctica, los objetivos de segunda generación suelen ser más caros que sus predecesores. También conviene tener en cuenta que el valor de reventa de los modelos de primera generación tiende a disminuir.
Según las prestaciones de la cámara que se utilice y el estilo fotográfico de cada persona, adquirir de segunda mano y a un precio reducido un objetivo de primera generación puede ser una opción incluso más acertada. Lo importante es comparar detenidamente las especificaciones con las necesidades reales de cada fotógrafo.

