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Si no te gusta que te fotografíen, aprende a reconciliarte con tu imagen | Knowledge #517

By cizucu · 24 de agosto de 2026

Si no te gusta que te fotografíen, aprende a reconciliarte con tu imagen | Knowledge #517

Cover photo by takaomikim

Si no te gusta que te fotografíen, aprende a reconciliarte con tu imagen | Knowledge #517

Cover photo by takaomikim

En cuanto una cámara te apunta, el cuerpo se tensa. Ya no sabes qué expresión poner. ¿Alguna vez has sentido que no te gusta que te fotografíen?

Te proponemos probar deliberadamente a «interpretar un papel» al posar. Si imaginas que no eres tú y ensayas incluso un torpe gesto de la victoria, la expresión y el cuerpo tensos comienzan a relajarse de manera natural. Basta con tomar cierta distancia respecto a la imagen que tienes de ti para que dejarte fotografiar resulte mucho más fácil.

No eres la única persona a la que no le gusta aparecer en fotografías

No podemos observarnos directamente a nosotros mismos. La imagen que vemos en el espejo tiene los lados invertidos y se percibe como un cuerpo tridimensional dentro del espacio. La cámara, en cambio, elimina esa profundidad y la comprime sobre un plano.

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Fotografía de 海/kai

Una fotografía no es un espejo que refleje todo lo que eres, sino apenas un único instante detenido. Sin embargo, tendemos a quedar atrapados en la idea preconcebida de que, por alguna razón, nuestro aspecto en las fotografías resulta menos favorecedor de lo que imaginábamos.
Además, vivimos en una época de autoobservación constante, en la que los selfis y las videoconferencias se han vuelto cotidianos. Es completamente natural que nos hayamos vuelto más sensibles a nuestra propia imagen.

Precisamente por eso, quizá podamos permitirnos reunir numerosas muestras de nuestra imagen bajo apariencias muy diversas.

El enfoque de «interpretar un papel» deliberadamente

Existen tres grandes razones por las que funciona posar «interpretando un papel» de forma deliberada.
La primera es el cambio de foco mental. Al desplazar la atención del «yo que está siendo observado» al «yo que encarna un personaje», nos liberamos de la distancia entre «el yo que aparece en la fotografía» y «el yo que imaginamos».

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Fotografía de I J GILLIGAN

La segunda razón es que reduce la vergüenza. Intentemos desprendernos de la idea de que quien se coloca ante la cámara debe ser necesariamente nuestro «yo auténtico». Adoptar poses que normalmente no haríamos —cerrar los ojos a propósito o hacer el gesto de la victoria, por ejemplo— puede ayudarnos a relajar los hombros.
La tercera es dejar de compararnos con las imágenes preestablecidas.

Los rostros supuestamente perfectos que inundan las redes sociales y las fotografías procesadas con filtros. Sin darnos cuenta, superponemos esas imágenes a la que acaba de captar la cámara de nosotros.
Gran parte de aquello que determina si salimos bien o mal queda fuera de nuestro control. Una fotografía o una expresión que justo después de la toma parecía poco lograda puede, al revisitarla tiempo después, revelarse como una «imagen llena de matices».

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Fotografía de I J GILLIGAN

Precisamente por eso, quizá convenga dejar de lado por un momento la propia pregunta: «¿Cómo puedo salir mejor en las fotografías?».

Cuando dejas de preocuparte por cómo sales, la fotografía se vuelve divertida

Lo importante no es memorizar técnicas o ángulos, sino ser capaces de reconciliarnos con nuestra propia imagen fotográfica.
Tomar distancia respecto a si salimos bien o mal y disfrutar del propio momento de la toma. Estar ante la cámara debería transformarse así en una experiencia un poco más ligera.

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