Es la temporada en la que las iluminaciones decoran las calles. Muchos fotógrafos dirigen sus lentes hacia las luces nocturnas, pero esta vez nos centraremos en las posibilidades de la fotografía navideña que surgen al optar por “no fotografiar iluminaciones”.
Con solo cambiar un poco la perspectiva, las historias y emociones que se pueden transmitir en una foto se vuelven mucho más profundas.
Capturar la “presencia” detrás de la luz
En lugar de enfocarse en el brillo de las iluminaciones, presta atención a escenas que transmitan una sensación de “presencia”, como callejones tranquilos o los perfiles de personas iluminados por la luz.

Al desenfocar intencionadamente las luces de fondo y centrarte en los gestos de las personas o la atmósfera del primer plano, puedes crear obras que estimulen la imaginación del espectador.
Fotografiar “la vida” en lugar de “los adornos”
En lugar de fotografiar árboles o decoraciones, captura manos envolviendo regalos, personas disfrazadas de Santa Claus, tazas humeantes o el sonido de pasos sobre la nieve. Estas historias cotidianas del invierno tienen mucho que contar.

La temporalidad y calidez de los sujetos añaden realismo y profundidad a las fotos, logrando una expresión más personal.
Lo que se revela al “evitar” la luz
Al evitar intencionadamente las luces de las iluminaciones, emergen en la ciudad sombras, reflejos y siluetas: una “luz tranquila”. Decidir “qué no fotografiar” con el equipo que tienes a mano puede aumentar tu conciencia sobre la composición y la selección de sujetos, ampliando tu visión.

Primero, intenta caminar sin perseguir la luz. Las sombras que encuentres en ese camino podrían convertirse en tus fotografías.

